Protegida por una muralla y por el acantilado natural, Tulum es la zona arqueológica más famosa e importante en nuestras costas del Caribe. Su nombre moderno, que en lengua maya significa “cerco” o “muralla”, no es tan evocativo y acertado como su nombre antiguo: Zamá, cuyo significado es “Salida del sol” o “Amanecer”; nombre que le viene a la perfección, pues para los mayas de la antigüedad, éste fue un observatorio astronómico y de defensa a la vez, que recibe puntual los primeros rayos del sol cada mañana.
En este hermoso rincón de la Riviera Maya hay varios tipos de actividades que puedes realizar, según tu preferencia.
Turismo arqueológico: el principal atractivo de Tulum es la zona arqueológica que puedes recorrer en dos horas o más. De entrada, notarás la muralla que rodeaba la ciudad. El Castillo, o El Faro, es la estructura más importante del lugar, con orientación hacia el poniente y mirando al mar Caribe. El templo del Dios Descendente es también muy interesante y en algunas de sus paredes se conservan restos de pinturas murales, al igual que en el templo de los Frescos. Hacia el norte se encuentran las estructuras del grupo Kukulkán; su templo más relevante es el dedicado al Dios del viento. Desde cualquier punto advertirás que hay tres observatorios con altares.
Una novedad en Tulum es que ya ofrece recorridos nocturnos con iluminación especial y audio-guías en varios idiomas. No se trata de un espectáculo de luz y sonido tradicional, sino de un recorrido a pie para disfrutar los principales monumentos desde otra perspectiva. Una ventaja adicional es que durante estos paseos no hace calor, la brisa es fresca y si la noche está despejada, puedes disfrutar de inigualables cielos estrellados o el ascenso de la luna.
Turismo de aventura: en la región de Tulum hay muchas opciones para practicar deportes de aventura, esnorquelear y explorar cavernas y cenotes con equipo de buceo. Algunos de los puntos más interesantes son Caleta Tankah, 5 kilómetros al norte; Cristal, 4.5 kilómetros al sur, y Casa Cenote, a 11 kilómetros, donde se encuentra la caverna subterránea más grande del mundo, Nohoch Na Chich, (“gran casa de aves”).
Turismo ecológico: las opciones para este tipo de turismo son muy variadas, como observar aves y conocer la flora de una de las reservas de la biosfera más importantes del mundo. En ciertas épocas del año llegan las tortugas marinas a desovar en la orilla de la playa, y es entonces cuando grupos de biólogos y de ecologistas se dedican a protegerlas de los depredadores. Puedes unirte a la tarea y ver de cerca a las tortugas blancas, las laúd y las enormes caguamas, todas ellas en peligro de extinción. Además, en los alrededores de Punta Allen, dentro de la Reserva de la Biosfera Sian Ka’an, hay una zona hotelera ecológica, donde podrás ver cocodrilos, manatíes, garzas y otras especies en su hábitat natural; ahí también puedes hacer kayak entre los manglares y esnorquelear para admirar los arrecifes que existen a lo largo de la costa.
Turismo convencional: si sólo quieres ir a la playa después de haber visitado las ruinas, has de saber que las playas de Tulum son muy accesibles, tranquilas y hermosísimas. Allí mismo, en la zona arqueológica, a un costado de El Castillo, hay una escalera por la que los turistas bajan a meterse al mar; eso sí, en ese punto no hay sombrillas ni servicios, pero lo más seguro es que no puedas resistir a la refrescante seducción turquesa del Caribe, así que ¡vete preparado con tu traje de baño!
Tulum cuenta con una gran cantidad de playas de una arena especialmente blanca, en las que la pendiente y el oleaje disputan en suavidad. En muchas de ellas, la soledad y la calma son sus principales atractivos.
Por otra parte, en el pueblo de Tulum, que ya pronto será cabecera municipal, hay tiendas de artesanías, restaurantes con comida tradicional y casi todo lo que puedas necesitar en cuestión de servicios.
Si te gusta participar en las tradiciones ancestrales, en el mes de julio se festeja a la Cruz Parlante, una tradición que combina elementos paganos y cristianos, la cual, al parecer, surgió a mediados del siglo XIX y sigue vigente en muchos pueblos de Quintana Roo. La fecha es móvil, así que hay que estar pendientes.










