Junto a Moni recorremos Machu Pichu… sigamos soñando
Misteriosa Ciudadela Inka
Machupicchu, Perú — viernes, 30 de mayo de 2008
Un muy buen desayuno 5:30 de la mañana, en el “Amaru II” de CUSCO, y partimos a tomar tren a AGUAS CALIENTES, ahora llamado “PUEBLO DE MACCHUPICCHU”. Llevamos sólo una mochila pequeña con mudas para dos días y no olvidar el repelente, el resto del equipaje quedó depositado en el hotel.Cuatro horas de un viaje agradable, paisaje bello, cada vez más verde porque nos dirigimos hacia la selva alta. Tren cómodo, el pasaje costó US$96.- ida y vuelta (los boletos los compré por Internet con anticipación y los retiré en Puno, también se pueden retirar en Cusco http://www.perurail.com/web/tper_es/tper_a2a_home.jsp).

El tren hace una parada breve en Ollantaytambo, donde suben también pasajeros hacia Aguas Calientes, y cuando me doy cuenta de lo que estoy viendo, no lo puedo creer!! Señoras en el andén vendiendo choclos con los granos más grandes que jamás haya visto, Maíz Imperial lo llaman. No pude resistirme y compré, desde la ventanilla, arrancó el tren, me piden que arroje las monedas al andén, lo hice … todo es insólito en Perú, así son y me voy adaptando. El choclo, exquisito!! aún sin manteca, no hicimos a tiempo de ponerle.

Como a las 11 hs. llegamos a Aguas, cambio notorio en el clima, mucho calor, humedad. Este pueblo, muy pequeño, nació hace sólo 15 años gracias a la cantidad de turismo que recibe la ciudadela inca. Mucha gente en la salida de la estación ofreciendo hospedaje, llevaba una lista así que decidimos recorrer lo que teníamos anotado y grande la sorpresa al ver que la mitad de ellos estaba clausurado, así que caminamos un poco entrando y huyendo de algunos hospedajes que eran de terror hasta que dimos con uno donde nos quedamos, no sin antes regatear un poco el precio, ya a esta altura estaba entrenada en esos menesteres!! Se llama “Chaska”.

El pueblo está a 2000 msnm y se nota, recuperamos el ritmo cardíaco al que estamos acostumbrados, no se seca la nariz, desapareció el soroche!! Teníamos toda la tarde para recorrer la zona, pues a Machupicchu recién iríamos al día siguiente, con mucha tranquilidad. Hay quienes llegan a Aguas y corren a la ciudadela, volviendo a Cusco inclusive el mismo día, pero es recomendable hacer noche en el pueblo.Nos sentamos a comer algo en un bar, y nos tocó la primera experiencia, hasta ahora, donde nos sentimos estafadas, un jugo y un sándwiches de pollo (con casi nada de pollo) s/22.- en un negocio muy básico, en la misma calle donde paran los buses que suben a Machu. Protestamos pero nada, nos miraban con cara de yo no fui, así que lo tomamos como una anécdota y listo a seguir para adelante.
Para la tarde había dos opciones: “CATARATA DE MANDOR” o “PUTUYCUSI”, como este último es una montaña no muy alta pero que implica un esfuerzo y al día siguiente subiría el Waynapicchu, decidimos la Catarata. Se sigue el camino bordeando el río y luego por la vía del tren. Ojo que está en uso, es el tren local que va a Sta. Teresa, en la oficina de turismo “se olvidaron” de advertirnos así que nos tomó de sorpresa el primer tren, para los otros ya estábamos entrenadas, y mejor ubicadas al costado de la vía. Así es Perú, lleno de sorpesas!!

El camino transcurre entre montañas y selva, calor y mosquitos furiosos. Al llegar al PARADOR MANDOR una amable señora nos dice que la propiedad es privada y si deseamos entrar a la Catarata son s/5.- por persona. No nos íbamos a pegar la vuelta, así que pagamos y seguimos, por cierto muy agradable la caminata entre una vegetación exuberante, flores, plátanos, ananás, orquídeas, pájaros rojos hermosos, helechos … hasta que llegamos a la Catarata … (abro paréntesis para mis compatriotas que conocen Córdoba, una “catarata” del tamaño de cualquier cascadita cordobesa, ja, ja, ja ¡!!!)
Nos causó mucha gracia al verla, tan chiquita y con semejante nombre “Catarata Mandor” y comprobamos una vez más que la riqueza está en el camino, no siempre la meta es lo más importante.
Regresamos, la señora nos esperaba con plátanos, qué ricos!! Y nos dio una clase de botánica recorriendo el enorme jardín de su casa que está al pie del Waynapicchu, detrás de la misteriosa ciudadela. Nos contó secretos de los cerros frente a su casa, de las escaleras incas y los miradores que fueron centro de observación y control para los incas. Escaleras que de joven subía con sus hermanos tratando de desentrañar esos misterios. Y así fue pasando el tiempo en medio de una sabrosa charla. En ese punto habíamos decidido volver con el último tren al pueblo porque sino nos agarraba la noche en la mitad del camino. Escuchamos el pitar y nos preparamos para pararlo con la mano!! No les dije que Perú sorprende a cada instante? El boleto s/10.- para un trayecto cortísimo!! Es el tren local, repleto de gente, con bultos de verduras para el pueblo, porteadores con sus mochilas, el guarda que trata de hacernos lugar entre los bultos para que nos sentemos, somos miradas con extrañeza, se nota que no suben turistas a este tren, pregunto cuánto les cobran a los locales el boleto y me dicen s/2.- , respiro más tranquila porque me preguntaba cómo podía pagar esa gente un boleto de 20.- soles entre ida y vuelta?
Enseguida llegamos, vamos al hotel y recién allí nos registran. Nuestras mochilas en orden, todo es cuestión de confianza aquí. La encargada nos recomienda un guía para Macchupicchu, “muy místico” nos dice, así que acordamos encontrarnos con él al día siguiente. Antes de cenar recorremos el pueblo, la enorme feria, comprar algunos regalitos y en el mercado unos panes, queso, agua, bananas y barritas de cereal para llevar a Machu, donde todo es muy muy caro!!!, así que es recomendable llevar provisiones en una mochila pequeña, porque sino hay que dejarla en depósito a la entrada de Machu.
Los Mercados son dignos de conocer, allí está la gente real de un pueblo, allí se convive con las costumbres, se charla, se aprende.
Luego la cena y la búsqueda de un lugar apropiado entre la inmensa oferta que me llegó a ahogar, porque te siguen con los menús por la calle y quedás entre un empleado de un restaurante y otro que se disputan el comensal … uf!! Decidimos por uno frente a la Plaza de Armas con balcones, muy bonito y rica comida.
31/05/2008 – Llegó el gran día, develaríamos el misterio que atrae a tanta gente venida de los rincones más remotos del mundo, a tantos estudiosos, tantos que vuelven una y otra vez… Estaba despierta antes que nos llame la encargada del hostal, sentía la emoción a flor de piel. Después de desayunar caminamos hasta la parada de los buses que suben a Macchupicchu, (US$12.- ida y vuelta, 30 minutos de viaje). También puede hacerse caminando, es un camino de caracol, angosto, húmedo, siempre subiendo. La niebla no dejaba ver absolutamente nada, supongo que el chofer conocería de memoria cada curva … El clima contribuía a guardar la misteriosa ciudad y mi emoción iba en aumento. Después de abonar s/120.- por la entrada donde no nos dieron ni un folleto explicativo (qué mal!!) tanteamos el camino. La niebla era tan espesa que no nos podíamos ubicar, el Waynapicchu no se veía, tampoco ninguna señalización, casi no había gente a esa hora, lo cual lo hace hermoso !!!!!!!!! Emocionante !!!!!!!!! Y fascinante !!!!!!!!!!! Sabía que tenía que cruzar toda la ciudad inca y derecho en el otro extremo, estaba el Wayna, así que a caminar y llegamos para hacer el ascenso con el primer grupo del día. Suben 200 personas hasta las 10 hs. y luego dan tiempo para que estas bajen y antes del las 13 hs. sube el segundo grupo de otras 200 personas.
Luego de registrarse a subir!! Hacia dónde?? Seguía la niebla, así que más allá del piso no se veía nada.

Hagan caso omiso a los que dicen que es terrible la subida, aquí no existe el soroche, si un poco de cansancio porque el camino es empinado, en partes muy angosto, de piedra, escalones, hay cables de acero amurados a la roca para agarrarse. No hay ningún apuro, se puede parar, respirar, tomar agua, ser animado por otros caminantes y animar, intercambiar palabras con tanta gente del mundo que comparte el camino, muchos corazones felices subiendo y subiendo, con el ruego íntimo de que levante la niebla, y cuando menos uno lo espera se llega a una cueva que tiene salida hacia el otro lado, una escalera y la cima!!!!!!! Piedras irregulares a 2700 m. de altura, donde no me podía parar por mi vértigo, así que “de cola” traté de buscar ubicación. Nos preguntábamos unos a los otros para dónde habría que mirar porque la niebla seguía ocultándolo todo, guardando el secreto. Me sentía tan feliz y agradecida a Dios de estar allí!!!

Puse en práctica la paciencia, haciendo oídos sordos a un guía de un grupo que llegó luego, exaltado el hombre, queriendo que bajemos rápido, rompiendo la mística que se respiraba entre todos los que habíamos llegado primero, por nuestra cuenta, sin guía, todos hablando suave, pausados, respetando ese lugar sagrado. Quizá única oportunidad de mi vida de estar allí viviendo ese momento mágico, único y me iba a apurar?? De ninguna manera!! Descendí un poco buscando un lugar más seguro y nos sentamos cómodamente con mi amiga Silvia a comer bananas y barritas de cereal, había que recuperar energías!!.
De repente la niebla, con una suavidad como la mano de una madre corriendo lo cabellos de un hijo, corrió el telón y dejó al descubierto lo que habíamos ido a buscar, esa vista tan fotografiada, tan conocida, pero que me sorprendía!!! emocionante, indescriptible, perfecta, armoniosa, las líneas, las terrazas, silencio profundo en todos allí, mucha emoción, lágrimas, respeto, fotos.

Extasiada ante esta obra humana llegó el momento de bajar, lentamente, disfrutando ahora si una vista totalmente despejada y esa sensación interior de que el tiempo se había detenido, sin ninguna preocupación y bajo un sol abrazador registramos nuestra salida y a encontrar a nuestras otras amigas. Cuando esto ocurrió el “guía místico” que nos habían recomendado en el hostal ya se había ido con un grupo de 20 personas, menos mal!! Estábamos solas y con esa sensación difícil de explicar dentro. Necesitamos un buen rato para aclimatarnos nuevamente a las hordas de turistas que llegaban a esa hora y cuando nos sobrepusimos al nuevo paisaje humano encontramos a Marta, con su mochilita, sombrero, una sonrisa enorme y todas las ganas de guiarnos como a un grupo de amigas. Por s/100.- entre cuatro, recorrimos de su mano toda la ciudadela por casi tres horas y valió la pena!! A nuestro ritmo, sin prisa, escuchando ese hablar tan pausado y dulce que tiene la mujer peruana, manifestando el amor a su tierra, el respeto a sus ancestros, además de los conocimientos históricos y demás que le dieron sus estudios de Guía.
Una vez recorridos todos los rincones, Marta nos indicó un rincón tranquilo para almorzar nuestra vianda y allí, tirada sobre el césped disfrutaba los mágicos momentos que Macchupicchu dejó impresos en mi para siempre.

La vuelta al pueblo fue en el bus, con tiempo aún de recoger la mochila en el hostal, dar una última vuelta por la feria e ir a la estación para tomar el tren de regreso a Cusco. Un viaje tranquilo donde casi todos dormían y yo escribía y escribía todas estas sensaciones y alegrías.
Fuente: http://www.viajeros.com/diarios/machupicchu/misteriosa-ciudadela-inka




